Foto: Elpais.com
La muerte de Maricarmen Abascal no desnuda al sistema depredador que ha convertido un bien común como el suelo en ocasión de rendimiento económico y especulación, puro privilegio cuando debía ser derecho. Eso lo hizo su desahucio y, moralmente, las reacciones posteriores, contrarias a la ola de solidaridad, que prefirieron buscar debajo de las piedras a gente que hablase mal para justificar y alegrarse del desalojo de la anciana: se juzgaron sus ahorros y lo que hizo con ellos, en caso de haber hecho algo (se fiscalizó a una ciudadana anónima cuyo pecado era pagar una renta antigua, o sea digna) y se juzgó su carácter, se dijo hasta que caía mal, así que no era tan grave mandarla a la calle (estaría bien que PP y Vox confirmasen si su nueva política de vivienda consistirá en echar de sus casas a los cascarrabias, sin pruebas por otro lado de que Maricarmen lo fuese, y en revisar los ahorros de la gente y lo que hace con ellos).
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